En 1962 un grupo de jóvenes entusiastas por el ajedrez tuvieron una idea, un sueño. Son el tipo de ideas que surgen de una pregunta simple, como por ejemplo ¿y si montamos un club de ajedrez? D. Elías Sebastián era un catalán, de Mataró concretamente, que se casó con una sillera y que por ese motivo se dejaba caer de vez en cuando por nuestro pueblo. Traía consigo la pasión por el ajedrez y la compartió con los pocos parroquianos que gustaban de jugar partidas de café en el casino, que como en todo pueblo que se precie, también había en Silla. Fue él quien impulsó la idea, el que le dió forma y el que echó a rodar aquel club hace 50 años. En los márgenes del tiempo se han perdido los detalles, las anécdotas, la historia concreta de nuestra fundación como club, es cierto, es una pérdida inasumible; sin embargo sí podemos imaginar la ilusión, el tesón, la esperanza de estar ante un proyecto que se consolidara y perdurara en el tiempo. Muchos de aquellos pioneros son nombres ya casi anónimos
y sus partidas son ahora rescoldos del olvido. También nosotros y todos los socios que han dejado alguna huella en algún tablero seremos enterrados por la historia... y esa será una gran notícia: que dentro de 50 años alguien pueda celebrar el centenario de nuestro club. Los clubes lo forman personas, es cierto, y ellas son las que le dan vida y contenido; ellas son las que marcan un rumbo u otro... pero cuando se apagan las sombras de esos que movieron los trebejos durante un tiempo, cuando las luces alumbran a otros actores, comprendemos que el club tiene un alma propia, que traspasa indemne las fronteras de la eternidad, que nos sonríe durante un tiempo hasta que un día viene a cerrarnos los ojos. Cincuenta años pueden ser muchos o pocos, según se mire, pero sí demuestra que hubo personas que se preocuparon dedicando su tiempo y su esfuerzo para que aquellos que decidieron un día "hacer un club" puedan hoy ser homenajeados con el mayor reconocimiento que podemos ofrecerles: seguir en el camino.
Jaime Benedito Salavert
y sus partidas son ahora rescoldos del olvido. También nosotros y todos los socios que han dejado alguna huella en algún tablero seremos enterrados por la historia... y esa será una gran notícia: que dentro de 50 años alguien pueda celebrar el centenario de nuestro club. Los clubes lo forman personas, es cierto, y ellas son las que le dan vida y contenido; ellas son las que marcan un rumbo u otro... pero cuando se apagan las sombras de esos que movieron los trebejos durante un tiempo, cuando las luces alumbran a otros actores, comprendemos que el club tiene un alma propia, que traspasa indemne las fronteras de la eternidad, que nos sonríe durante un tiempo hasta que un día viene a cerrarnos los ojos. Cincuenta años pueden ser muchos o pocos, según se mire, pero sí demuestra que hubo personas que se preocuparon dedicando su tiempo y su esfuerzo para que aquellos que decidieron un día "hacer un club" puedan hoy ser homenajeados con el mayor reconocimiento que podemos ofrecerles: seguir en el camino.
Jaime Benedito Salavert

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